CONSECUENCIAS DEL «DISCURSO DEL ODIO» EN LAS REDES SOCIALES


EL TRIBUNAL SUPREMO CONDENA A UN AÑO DE PRISIÓN A LA AUTORA DE UN DELITO DE ENALTECIMIENTO DEL TERRORISMO Y DE HUMILLACIÓN A SUS VÍCTIMAS POR TWITTER

TS 13-7-16

La acusada publicó comentarios y expresiones desde su perfil de Twitter, que la Audiencia Nacional consideró emitidos con el fin de denigrar la memoria de la víctima de la organización terrorista ETA, Miguel Ángel Blanco, y despreciar a Irene Villa, víctima de un atentado de la misma organización, por lo que fue condenada a dos años de prisión como autora responsable de un delito de enaltecimiento del terrorismo y de humillación a sus víctimas.

La representación legal de la acusada presentó ante el Tribunal Supremo recurso de casación por infracción de Ley, de precepto constitucional y quebrantamiento de forma, contra la sentencia de la Audiencia Nacional, cuyos principales motivos se concretaron en la infracción del derecho fundamental a la libertad de expresión en relación con el derecho fundamental a la libertad ideológica (arts. 16 y 20 de la Constitución Española) y una desproporcionalidad de la pena impuesta por infracción de los arts. 578 y 579.2 del Código Penal.

Respecto a la infracción de los derechos fundamentales alegados, el Tribunal Supremo recuerda que el castigo por enaltecimiento del terrorismo persigue la justa interdicción de lo que, tanto el Tribunal Europeo Derechos Humanos como el Tribunal Constitucional y el mismo Tribunal Supremo, vienen denominando «discurso del odio»: alabanza y justificación de acciones terroristas. Comportamientos de ese tenor no merecen la cobertura de estos derechos fundamentales, pues el terrorismo constituye la más grave vulneración de derechos humanos de la comunidad que lo sufre. Su discurso se basa en el «exterminio del distinto en la intolerancia más absoluta, en la pérdida del pluralismo político y, en definitiva, en generar un terror colectivo que sea el medio para conseguir esas finalidades», argumenta el Tribunal Supremo.

Estableciendo los límites a ambos derechos fundamentales, declara el Tribunal Supremo que no pueden ofrecer cobijo a la exteriorización de expresiones que encierran un injustificable desprecio hacia las víctimas del terrorismo, hasta conllevar su humillación. La libertad ideológica no tiene más limitación que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley; mientras que la frontera de la libertad de expresión está en el respecto a los derechos reconocidos en la Constitución, Título I, en las Leyes que lo desarrollan y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia. Esto es, no se trata de penalizar el humor de mal gusto, sino que una de las facetas de la humillación consiste en la burla, que en este caso no está recreada con chistes macabros con un sujeto pasivo indeterminado, sino referido a unas personas a quienes se identifica con su nombre y apellidos. Se penaliza la humillación que está inserta en el discurso del odio.

Finalmente, el Tribunal Supremo estima parcialmente el recurso de casación apreciando una desproporcionalidad de la pena impuesta por la Audiencia Nacional, por lo que rebaja la condena de dos años de prisión a uno.